AMAR AL PRÓJIMO

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo…” (Mateo 22:39)
Autor: Edgar David Miranda

Pasaje central: Mateo 22:34-40         

Tenemos el mandato de Amar a Dios. Es nuestra prioridad. Pero el Señor también nos ha ordenado que amemos a nuestro prójimo. Sin embargo, muchas veces nos confundimos acerca de lo que realmente significa esto. ¿Cómo podemos asegurarnos de estar amando a nuestro prójimo como el Señor lo desea?

La semana pasada comprendimos que el amor en la Biblia va más allá de un sentimiento o emoción. Tiene que ver con las acciones. El ejemplo máximo de ello es Dios mismo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

Así que, al amar a nuestro prójimo, debemos hacerlo a través de nuestras acciones. Sin embargo, no se trata sólo de hacer “buenas obras”; para amar adecuadamente se requiere una relación firme con el Señor:

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios.  Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1ª Juan 4:7-8)

Amar al prójimo, por tanto, es un resultado de nuestro amor por el Señor. Y como vimos antes, esto ocurre porque Él nos amó primero. Nuestro amor a Dios es solo la respuesta al amor que Él tuvo de nosotros al enviar a su hijo Jesucristo a morir por nosotros en la cruz. Todas las acciones de obediencia a Dios que expresamos, son el resultado o la consecuencia de su amor por nosotros y de la transformación espiritual que ha hecho en nuestro interior.

El amor al prójimo es un asunto que comienza en el corazón. Amar a Dios y ser su discípulo, produce en nosotros la compasión para servir y amar a los demás. Veamos esto a través de algunos pasajes bíblicos.

  1. MATEO 22:34-40

         Después de hablar sobre el primer “gran mandamiento”, el Señor dirá que hay un segundo y que de estos dos mandamientos dependía toda la ley y los profetas. Era evidente, que Jesús estaba confrontando a los fariseos con su falta de amor por Dios, pero después también los estará confrontando con su falta de amor por el prójimo. No podían amar a su prójimo porque en realidad no amaban a Dios. Esto se evidenciaba en su trato con los demás: existían algunos grupos marginados por ellos, quienes eran tenidos como inmundos o inmerecedores de amor y/o respeto.

  1. LUCAS 18:9-14.

¿Qué nos enseña esta parábola acerca de los fariseos?

¿Qué es lo que revela del corazón de los fariseos?

Si no amamos a Dios, es imposible que podamos amar a nuestro prójimo. Nuestras “buenas obras”, separadas del amor a Dios, sólo son evidencia de nuestro orgullo y vanagloria personal.

  1. LUCAS 10:25-37.

¿Cuál era la intención del maestro de la Ley?

¿La respuesta del hombre a la pregunta de Jesús sobre la ley es correcta?

         Hasta ahora el intérprete de la ley ha contestado correctamente. No hay ninguna confusión, ambos están de acuerdo en lo que están hablando. Sin embargo, Jesús dirá algo sumamente retador para la vida de este hombre: “Haz esto y vivirás”

¿Qué implicaba esta orden de Jesús? ¿Era un asunto de solo acciones prácticas o de una revolución interna?

         La Biblia enseña que este hombre trató de justificarse a través de sus obras. Era común que los fariseos hicieran obras de caridad para los judíos o para personas que ellos consideraban dignas. Sin embargo, Jesús cuenta una parábola que va a revelar mucho del corazón de este hombre y también podría revelar mucho de nuestro propio corazón. En ocasiones somos bondadosos sólo con las personas que creemos que se merecen nuestra bondad.

En la parábola, ¿cuál fue la reacción del primer hombre y quién era?

¿Qué quiere dar a entender Jesús poniendo a un levita y un sacerdote como personajes de esta parábola?     

Finalmente, un samaritano es quien fue movido a misericordia.

¿Qué implicaciones tendría para el intérprete de la ley que un samaritano haya sido un ejemplo de misericordia?

         Es interesante que cuando Jesús le pregunta ¿Quién fue su prójimo? El hombre no contestó “El samaritano” sino “el que usó de misericordia”. El corazón del fariseo era tan duro, que no podía amar a los demás, de la misma manera en la que se ama él mismo.

¿Qué implicaciones tiene que Jesús le haya dicho “ve y haz tú lo mismo”?

         Para los líderes religiosos el prójimo era tan solo una minoría que estaba integrada por los judíos respetuosos de la ley y los prosélitos que eran los gentiles que se habían convertido al judaísmo. Muchos de los judíos, como sucede ahora con muchas personas de distintas religiones, evitaban a quienes tenían una fe distinta y les resultaba difícil recibir la enseñanza de Jesús de aceptar a todos los pueblos. Ver a los samaritanos como “el prójimo” era algo sumamente difícil para las personas de este tiempo. Sin embargo, Jesús quiere enseñar el amor y el servicio a través de sus propias acciones.

  1. ¿QUÉ PIENSA DIOS DE LAS NECESIDADES DEL MUNDO?

¿Qué nos enseña Mateo 25:31-46 sobre esto?

         Efesios nos enseña claramente que no somos salvos por las obras, sino por la fe en Cristo; las obras no salvan, las obras no justifican al pecador. Sin embargo, la palabra también nos dice que hemos sido creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios ha preparado de antemano para que andemos en ellas.

Si el propósito de nuestra vida es amar a Dios (porque Él nos amó primero) y ser sus discípulos (desear ser transformado a la imagen de Cristo) entonces, si Dios se preocupa de los huérfanos, o por los hambrientos, hagamos algo por ellos. Nuestro propósito es servir a la gente, porque de esta manera imitamos a Jesús y lo seguimos. Es de esta forma que amamos a nuestro prójimo.

  1. UNA MOTIVACIÓN FINAL

Según Mateo 5:14-16, ¿Cuál es el fin de las buenas obras? ¿Qué implicaciones tiene para nuestra vida y la vida de nuestra iglesia?

Como Iglesia Bautista Universitaria, deseamos que cada miembro de nuestra iglesia conozca a Dios a través de su palabra para que esta pueda producir fe y amor por él. Deseamos que el llamado sea claro para nuestras vidas (ser discípulos). Y así, deseamos imitar a Cristo a través de servir y amar a los demás. Es decir, deseamos glorificar a nuestro Padre Celestial.

¿Estás dispuesto a obede 

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