AMAR A DIOS

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. (Mateo 22:37-39)
Autor: Edgar David Miranda

Pasaje central: Mateo 22:34-40         

Como iglesia cristiana, tenemos la encomienda a Amar a Dios. Además, deseamos que cada persona pueda hacer lo mismo. Es parte de nuestra Visión. Pero muchas veces nosotros mismos no comprendemos lo que esto significa; lo ignoramos o confundimos con otros asuntos. Así que, ¿cómo podemos saber que realmente estamos haciéndolo? ¿Cómo podemos asegurarnos de que realmente estamos enseñando a la gente a Amar a Dios?

Amar a Dios se basa en:

  1. HACER ALGO POR ÉL.

El amor en la Biblia va más allá de un sentimiento o emoción. Tiene que ver con las acciones. El ejemplo máximo de ello es Dios mismo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

Ya que el amor es expresado en acciones, el Señor nos pide que amemos a nuestros enemigos haciendo algo por ellos (Mateo 5:38-42, 44); a nuestros hermanos en un ambiente de misericordia y perdón (Efesios 4:32); o a nuestra esposa como si fuera nuestro propio cuerpo, sustentándola y cuidándola (Efesios 5:28-29). El Amor a Dios es, entonces, demostrado a través de nuestras acciones hacia Él.

Era claro que esto es algo que los fariseos y la comunidad judía comprendía. Por ello, se esforzaban en cumplir la Ley; en hacer las cosas que creían que les ayudaban a amar a Dios. Sin embargo, las acciones no son suficientes.

  1. UN CORAZÓN RENOVADO

Un fariseo le pregunta a Jesús: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” Esta era una pregunta que se discutía con frecuencia entre los fariseos, pues su vida era cumplir reglas y mandamientos, muchos inventados por ellos mismos; como el lavamiento de manos, el camino de un día de reposo etc. Intentaban hacer algo para Dios, pero todos estos mandamientos venían de una interpretación torcida de la ley. En medio de tantas reglas impuestas al pueblo, Jesús está a punto de interpretar la ley de una manera diferente. La respuesta de Jesús denota una simpleza abrumadora y condenatoria. “Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” (Deuteronomio 6:5).

¿Qué opinas de la respuesta de Jesús?

Qué crees que se diría tradicionalmente si alguien preguntara: ¿Cuál es el requisito más importante de la vida religiosa en tu iglesia?

¿Qué crees que pasaría si respondemos lo mismo que Jesús?

            En otra parte de Mateo (15:7) Jesús les llama hipócritas a los fariseos al recordarles las palabras de Isaías 29:13 “Este pueblo de labios me honra pero su corazón está lejos de mí”. Es decir, cumplir con las 613 leyes que habían creado para no pecar contra Dios, no era una señal certera de su amor por Dios. Podían cumplir leyes pero al mismo tiempo no amar a Dios. Esta es una clara muestra de la religiosidad en su máxima expresión. Jesús dejó callados a los fariseos al confrontarlos con su religiosidad y su escaso entendimiento de las verdades espirituales enseñadas en la ley y en los profetas.  

            Los fariseos hacían tantas cosas que intentaban demostrar “honra” o “amor” hacia Dios y sus mandamientos, pero a pesar de sus acciones, su corazón estaba lejos de Dios. (Mateo 15:7)

La pregunta sería, ¿amar a Dios implica solamente acciones? Salmo 37:4, Proverbios 26:23, Salmo 119:9-11.

¿Qué es lo que enseña Ezequiel 36:23-27 acerca de la obra de Dios en nuestras vidas? ¿Qué es lo que incluye?

Según Juan 3:19-20. ¿En qué se basa la condenación? ¿Qué significa aborrecer a la luz (Jesús)?

            A través de estos pasajes nos podemos dar cuenta que la salvación que Dios nos ha dado implica un corazón transformado. Es decir, nuestro corazón se deleitaba en el mal, amábamos las tinieblas porque nuestras obras eran malas y aborrecíamos a la luz. Pero Dios, en su gran misericordia nos amó y según Ezequiel, nos limpió de nuestras impurezas y de nuestra idolatría y nos cambió el corazón. Ya no hay un corazón de piedra insensible a Dios o en rebelión a Dios, ahora tenemos un corazón de carne, sensible y obediente a Dios. Sabemos que la iglesia no es perfecta en la práctica y seguimos luchando contra el pecado, pero tenemos confianza de lo que enseña Filipenses 1:6: “El que comenzó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” Esa es nuestra esperanza, que Jesús está con nosotros para ayudarnos a crecer y madurar.

Para servir y Amar a Dios como Él lo pide, es necesario un corazón renovado.

  1. SU AMOR POR NOSOTROS

¿Cómo es que el ser humano llega a amar a Dios? 1ª Juan 4:19, Romanos 5:8-11; 10:17.

            La respuesta es clara: Porque Él nos amó primero. Nuestro amor a Dios es solo la respuesta al amor que Él tuvo de nosotros al enviar a su hijo Jesucristo a morir por nosotros en la cruz. Pablo dice en 1ª de Corintios 1:21 “Dios agradó salvar a los creyentes por la locura de la predicación…” el hombre no logró conocer ni obedecer a Dios a través de sus propios esfuerzos o méritos. Dios salva a los creyentes por su gracia, por la fe al escuchar el evangelio. Es decir, todo tu pecado y dolor fue cargado en Cristo en la cruz del calvario para que tú y yo tuviéramos una salvación inmerecida, gratuita y sin dar ningún tipo de retribución a cambio. Las Escrituras son las que dan testimonio de Cristo, permanecer en ellas nos llevan a conocerlo, a ver su gloria, a tener fe y a vivir una vida amando a Dios por su obra en la cruz. John Piper dice que “si no tenemos deleite en Cristo (pasión, amor, emoción) no tenemos realmente a Cristo”. Porque lo que Dios ha hecho en nosotros a través de Cristo es cambiar nuestra relación y nuestro corazón; antes éramos enemigos, aborrecíamos la luz y ahora hemos sido reconciliados, ahora tenemos una relación profunda de amor y gratitud con Dios por su obra. Todas las acciones de obediencia a Dios que expresamos, son el resultado o la consecuencia de su amor por nosotros y de la transformación espiritual que ha hecho en nuestro interior.

  1. DECISIÓN PERSONAL

¿Qué acciones debes tomar en tu vida personal para seguir creciendo?

¿Qué cosas has dejado de hacer que probablemente hiciste cuando comenzaste tu caminar con Cristo?

¿Cómo puedes ayudar a que otros escuchen el evangelio?

Cómo iglesia buscaremos que en cada reunión dominical se cumplan dos propósitos principales: Primero, adorar a Dios en comunidad (Salmos 149:1) como la palabra lo enseña, con alegría (Salmos 63), con sacrificio de alabanza (Hebreos 13:15); Segundo, escuchar la palabra de Dios, expuesta con responsabilidad, santidad y fidelidad, de manera que podamos conocer más a Dios y así su Espíritu Santo pueda revelar a Cristo (Efesios 1:16-19) en nuestras vidas y cada día más personas crean en Cristo. Creemos que de esta forma, a través del evangelio Dios producirá el amor y el compromiso con su reino.

¿Cómo podemos sumarnos a esta gran labor como iglesia? 

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